Ir al contenido principal

Liliana Lukin



Liliana Lukin (Buenos Aires, 1951). Publicó 20 libros de poesía desde 1978. Egresada de Letras (UBA), es profesora en Crítica de las Artes (UNA). Coordinó el Taller de Escritura desde 1980, los Encuentros de Escritores-Narrativa Argentina y sus Cuadernos, 1988-2000, la Clínica de Escritura Poética y Ed. La Biblioteca, en la Biblioteca Nacional Argentina (2004-2015). Desde 1991 es profesora invitada en universidades de EEUU, Jerusalén, Barcelona, París, Austria y Bélgica. Sus libros, incluidos en numerosas antologías, están traducidos al francés, alemán, inglés y polaco. Creó Centroimargen, 2003-6 y las Jornadas Cuerpos Argentinos, 2004-2012, desde la UNA. Premios, curadurías y ensayos en: www.lilianalukin.com.ar


Una mujer es su propia madre, dijo,
y yo tardé en abandonar ese amor
que dictaba sus mareas,
golpeando contra las piedras de mí
sus aguas, ya no nutrientes, ya no
ecuánimes, ya no.
Madre de mí soy, definitivamente,
y eso me deja huérfana,
libre, pero huérfana.



Carta XVI

Mi querida: los hombres nos envidian el penetrante
juego de intimidades sucesivas: los ensordece
el murmullo de palomas que cambiamos
insomnes y ligeras por sobre toda obligación

envidian la obscenidad de nuestros juegos
contar y llorar como hijas de la misma madre
(que hubiéramos compartido los baños y las camas)
o como madres a punto de parir (casi desnudas
y hablando de un dolor parecido)

los hombres     es sabido      nos envidian
el impenetrable clima de las risas oblicuas
(como de amiguitas a la siesta en el zaguán)
y esa falta de vergüenza al mostrarnos las llagas
o hacerse vestir o acariciar el alma una por otra

ellos no saben cómo hacer para podernos
distraer de nosotras     llamarnos la atención
es su pasión y su calvario: tan fuertes
somos en nuestro pacto el motivo de su deseo

desesperan de nosotras    pobrecitos
y amados como el otro de nosotras sospechan:
la insuficiencia de ese modo de amar
 
ellos quisieran ser una más y nos envidian
lo impenetrable (el resto de adolescente que se deja
tocar sin perder nada) ese poder de ubicuidad
que nos concilia con el infierno en un salón del paraíso

en esta lucha por el amor de cada día
ellos no saben de nuestra necesidad y nos envidian
y aunque les juremos que nos son imprescindibles
sabrán que en esa frase hay una trampa:
 
ser el otro de nosotras es poca cosa
y ellos siempre querrán ser una más




Comentarios